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Mi entrada de hoy está dedicada al yoga, una disciplina fascinante que cada día reúne más adeptos y que es una excelente herramienta para el acondicionamiento físico y espiritual. El yoga es una forma de vida, pero yo no me adentraré en cuestiones técnicas sino en su conexión con la nutrición. Puede que os sorprenda la idea de este post, pero cada día recibo en mi consulta a numerosas personas relacionadas con el yoga que buscan asesoramiento. Una de ellas es Katy Sainz, la paciente que me animó a hablaros sobre ello. Katy es sobradamente conocida por su relación con la moda y la música, pero además es una yoguini especializada que practica el yoga desde hace más de diez años. Emprendedora e inquieta, se puso en contacto conmigo para profundizar en la importancia de la dieta y la nutrición en su disciplina. Tanto si estáis empezando como si lleváis un tiempo practicando yoga, creo que mis consejos os ayudarán.

La práctica del yoga está en auge y millones de personas se acercaron a ella en los últimos años. Iconos de la moda como Irina Shayk o Gisele Bundchen han conseguido viralizar esta disciplina a través de la publicidad y las redes. Pero reconociendo que en ocasiones este fenómeno new age ha sufrido demasiada mercantilización, el yoga debe entenderse como una forma de vivir. Así lo afirma Katy Sainz, quien gracias a esta práctica modificó sus parámetros de alimentación para adecuar su cuerpo a la exigencia física que demanda el yoga. Los yoguis experimentados mantienen una fuerte relación con los alimentos y la energía que extraen de ellos, suelen decantarse por una nutrición “muy limpia” con abundantes verduras y hortalizas, próxima al veganismo. No obstante, muchas de las personas que comienzan en el yoga no conocen algunos de los hábitos imprescindibles para garantizar la salud y pueden dejarse llevar por tendencias o falsas afirmaciones con escaso rigor científico. Es hora de dar algunos consejos.

LA ENERGÍA DE LOS ALIMENTOS

Para los Yoguis es muy importante la ingesta de “alimentos vivos”, lo que ellos denominan “alimentos con prana”. Se trata de un término oriental que hace alusión tanto a la energía universal como a la personal de cada individuo. Bajo esta perspectiva los alimentos son capaces de captar la energía vital. Todo aquel que quiera iniciarse en el trabajo y desarrollo de la disciplina yóguica debe limitar el consumo de proteína animal y acercarse al veganismo. Ojo con esto, ya que no hablamos de que sea necesario mantener una dieta 100% vegana, pero sí que existe una asociación directa. Para ellos las proteínas de origen animal suelen ser consideradas como alimentos de segunda calidad, por lo que se impone el consumo de verduras, hortalizas, legumbres, cereales y en menor medida de las frutas. Pero, ¿Qué problemas pueden encontrar los yoguis en su alimentación?

Sobre todo la carencia de proteína. Hay que tener en cuenta que se trata de personas con tendencia a tener un peso menor de lo habitual, con un porcentaje de grasa bastante bajo y que pueden sufrir considerables pérdidas de agua (en la práctica del yoga aumenta mucho la temperatura del organismo, lo cual produce esta merma importante de agua y sales minerales). Los yoguis necesitan una musculatura fuerte y solvente ya que los ejercicios que realizan implican un desgaste interno muy potente. Trabajan con su propio peso y realizan mucho ejercicio isométrico, de forma que si los músculos no responden y no se produce una recuperación óptima de ellos entre sesión y sesión, la persona puede llegar a sufrir dolores, inflamación corporal y en definitiva no evolucionar de la forma esperada.

Más allá del componente espiritual y el enorme campo de estudio que existe en el yoga, sus beneficios a nivel físico están más que comprobados y comienzan a notarse desde las primeras sesiones. Aspectos como la elasticidad y elongación de los músculos son potenciados por el yoga, pero también es muy recomendable para personas que sufren problemas relacionados con la ansiedad. La búsqueda de este equilibrio siempre debe estar guiada por un profesional experimentado y por supuesto hay que ser cuidadoso con los tiempos y la alimentación.

NUTRICIÓN Y SUPLEMENTACIÓN BÁSICA EN EL YOGA

Es recomendable que las personas que comienzan en el yoga no intenten adaptarse al veganismo de forma rápida y brusca. El cuerpo debe conocer las nuevas sensaciones poco a poco y consumir proteína animal al menos en los días que practique yoga (una o dos comidas). Con el tiempo y la adaptación (meses o años dependiendo de cada persona) se puede descender su consumo e introducir mayores dosis de proteínas vegetales. Otro problema asociado a una dieta pobre en proteína animal es la falta de producción de Vitamina B-12. Por ello es prioritario incluirla como suplemento.

De la misma forma es esencial el consumo de grasas, éstas pueden llegar gracias a alimentos como el aguacate, aceites, semillas, frutos secos etc. No debe haber una restricción de ellas ya que son muy importantes para el bienestar interno. En el trabajo que he realizado con pacientes yoguis he observado que con frecuencia se descuida el consumo de proteínas y grasas, algo que es necesario compensar.

Como hemos dicho anteriormente, los yoguis tienden a deshidratarse, por ello no hay que olvidarse del consumo de agua y sales minerales (ingerir sal rosada o agua de mar durante el día) con el fin de favorecer la retención de líquido en el organismo. En este punto quiero hacer un inciso, ya que debido a que en el yoga se trabaja mucho con el transverso abdominal, el estómago debe estar vacío durante la actividad. Se recomienda que 2-3 horas antes no se consuman alimentos sólidos, incluso es aconsejable limitar la ingesta de agua en esta fase (en algunos casos se puede prescindir de ella). Por eso incidimos en la hidratación continua durante las horas posteriores al ejercicio.

Suplementación y alimentos aliados

Siempre recomiendo el uso de aminoácidos esenciales para favorecer la construcción muscular y contrarrestar posibles carencias. Para los yoguis es muy importante la salud intestinal ya que factores como el funcionamiento cognitivo e incluso la estabilidad emocional se benefician. Como hemos dicho antes, al realizar este tipo de ejercicios el estómago suele estar vacío y  por esta razón no debe faltar en la dieta el consumo de vegetales fermentados como el chucrut (col fermentada) o el kéfir (principalmente de cabra por su alto contenido en probióticos). Lo yoguis deben disfrutar de un tránsito intestinal muy depurado, de ahí la importancia de incorporar también alimentos con mucha fibra como cereales o legumbres.

Debido a que las articulaciones, los tendones y en general todos los tejidos blandos sufren en el yoga, es beneficioso aportar azufre orgánico. Se trata de un mineral importante a la hora de formar y restaurar este tipo de tejidos, lo podemos encontrar en el ajo y la cebolla. Otro suplemento que suelo recomendar en este tipo de pacientes es la glutamina, ya que a pesar de que no se trabaje con pesas sí que se realizan ejercicios muy exigentes en los que la musculatura interna está muy activa durante una hora o más. La glutamina ayuda en la recuperación y además también tiene un efecto positivo en la regeneración de la mucosa interna intestinal. Como ya os he dicho, no os olvidéis de incluir vitamina B-12 con regularidad.

Ahora ya conoces algunas nociones para adentrarte y explorar con total seguridad el mundo del yoga. Os animo a que sigáis disfrutando de esta actividad pero tened en cuenta que una nutrición adecuada os ayudará a dar pasos con más facilidad. Por último no quiero finalizar sin dar las gracias a Katy Sainz por compartir conmigo sus experiencias como yoguini y ofrecerme la idea de escribir este post en el blog.

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