Quiero compartir con vosotros un caso clínico que hemos trabajado en mi Clínica KEVAL, porque resume muy bien una idea que considero fundamental: perder peso no siempre significa mejorar la salud.
Estamos acostumbrados a escuchar hablar de medicamentos como Mounjaro, y es lógico. Son herramientas con una potencia terapéutica importante, especialmente en pacientes con alteraciones metabólicas, resistencia a la insulina o exceso de grasa visceral. Pero también conviene decirlo con claridad: el fármaco, por sí solo, no es el tratamiento.
El verdadero tratamiento es el criterio médico, el seguimiento, la nutrición, el ajuste de dosis, la protección de la masa muscular y la capacidad de adaptar el proceso a la respuesta real del paciente.
Este caso lo explica muy bien.
El punto de partida
Carlos tiene 51 años y llegó a mi consulta con un objetivo claro: perder grasa manteniendo la máxima masa muscular posible.
Entrenaba prácticamente todos los días, pero trabajaba a turnos, descansaba mal y acumulaba una carga elevada de estrés. A pesar de su actividad física, notaba cansancio, libido baja y una sensación de estancamiento en su evolución.
Desde la primera evaluación noté que no se trataba únicamente de un problema de peso. Había exceso de grasa, presencia de grasa visceral y un entorno metabólico claramente mejorable. El margen de mejora era amplio, pero necesitábamos algo más que una dieta convencional.
Necesitábamos un abordaje metabólico completo.
Mounjaro como herramienta, no como solución aislada
En este caso se utilizó Mounjaro, cuyo principio activo es tirzepatida, como parte de una estrategia terapéutica más amplia. Y quiero detenerme aquí porque me parece importante.
Estos fármacos pueden ser muy útiles cuando están bien indicados, pero no deberían utilizarse como una solución aislada ni como una vía rápida para perder peso sin supervisión. Si se usan sin control, pueden aparecer problemas: pérdida excesiva de apetito, dificultad para comer, baja ingesta proteica y, como consecuencia, pérdida de masa muscular.
Por eso en KEVAL nunca entendemos estas herramientas fuera de un contexto clínico. En este caso se trabajó también sobre nutrición, hábitos de vida, intervención hormonal cuando estaba indicada, suplementación y seguimiento estrecho.
El objetivo no era que Carlos bajara rápido de peso. El objetivo era mejorar su composición corporal y su salud metabólica.
La primera respuesta fue llamativa
Durante las primeras semanas, la respuesta fue muy intensa. Carlos perdió peso de forma rápida y mejoró claramente su perfil metabólico. La reducción de grasa fue significativa y, desde fuera, podía parecer una evolución perfecta.
Pero en medicina no podemos quedarnos solo con el dato que parece bueno.
Junto a esa pérdida de peso apareció un problema: Carlos había perdido mucho apetito. Le costaba comer sólido, no conseguía seguir bien la pauta nutricional y su ingesta proteica era insuficiente.
La consecuencia fue la que más me preocupaba: empezó a perder masa muscular.
Y este punto es clave. Si una persona pierde peso, pero pierde también músculo, el resultado puede ser engañoso. La báscula baja, sí, pero el metabolismo puede quedar más comprometido.
El músculo no es un detalle estético
Durante muchos años se ha hablado del músculo como si fuera solo una cuestión de imagen corporal o rendimiento deportivo. Pero el músculo es un órgano metabólico.
Participa en la regulación de la glucosa, mejora la sensibilidad a la insulina, sostiene el gasto energético y protege frente al deterioro funcional con el paso de los años.
Por eso, cuando acompañamos procesos de pérdida de grasa, preservar la masa muscular no es un objetivo secundario. Es una prioridad clínica.
En el caso de Carlos, el tratamiento necesitaba un ajuste.
El valor del seguimiento
En lugar de mantener una pérdida de peso rápida a cualquier precio, reajusté la estrategia. Se redujo progresivamente la dosis de Mounjaro para recuperar apetito, facilitar la adherencia al plan nutricional y minimizar la pérdida muscular.
A partir de ahí se reforzó el trabajo nutricional. Aumentamos el aporte proteico, distribuimos mejor las ingestas e intenté priorizar formatos más fáciles de tolerar al principio, como batidos proteicos o yogures hiperproteicos.
También introduje suplementación orientada a preservar la masa muscular y mejorar la síntesis proteica. En este tipo de contexto pueden ser útiles herramientas como la creatina, los aminoácidos esenciales alrededor del entrenamiento o una proteína de absorción lenta por la noche, siempre ajustadas al caso concreto.
El objetivo era claro: seguir perdiendo grasa, pero proteger el músculo.
Una pérdida de peso más inteligente
Después de esos ajustes, la evolución cambió. Carlos siguió perdiendo peso, pero de una forma más equilibrada. La pérdida pasó a proceder mayoritariamente de masa grasa y la masa muscular se estabilizó prácticamente por completo.
Al final del proceso, el paciente logró una reducción superior a 20 kilos, una disminución clara de la grasa visceral y una mejora global de su perfil metabólico, manteniendo prácticamente intacta la masa muscular.
Lo que quiero que entiendas de este caso
Mounjaro no es bueno ni malo por sí mismo. Como ocurre con muchas herramientas médicas, su valor depende de cómo se indique, cómo se ajuste y cómo se acompañe.
Sin seguimiento, puede favorecer una pérdida de peso rápida pero también comprometer la masa muscular. Con una estrategia individualizada, puede ser una herramienta muy útil dentro de un abordaje metabólico bien diseñado.



