Cada semana me hacen la misma pregunta: “Antonio, tengo 48 años, me encuentro bien, pero quiero cuidar mi longevidad. ¿Por dónde empiezo?” Y cada vez me sorprende más la cantidad de información contradictoria que circula sobre este tema. Hay protocolos interminables y suplementos que prometen demasiado. Así que voy a intentar responder con la misma honestidad con la que lo hago en consulta.
El primer paso no es un suplemento
Si me preguntas por dónde empezar a trabajar tu longevidad pasados los 45, mi respuesta casi nunca es un producto. Suelo empezar por un diagnóstico. Antes de añadir nada a tu rutina necesitas saber en qué punto está realmente tu cuerpo: la composición corporal, el terreno hormonal, cómo duermes, cómo te recuperas del estrés. Sin ese punto de partida, cualquier estrategia que sigas es, en el mejor de los casos, un acierto de casualidad. He visto a demasiados pacientes empezar por el suplemento de moda sin saber siquiera si lo necesitaban, y gastar meses, y dinero, en algo que su cuerpo no les estaba pidiendo.
Los marcadores que de verdad miro
Hay unos cuantos marcadores que, en consulta, me dicen bastante más que la edad que aparece en el DNI. Empiezo casi siempre por la masa muscular y la fuerza, porque no es casualidad que la capacidad de levantarte de una silla sin ayuda a los 80 años se explique, en gran parte, por las decisiones que tomas hoy. A partir de ahí miro el terreno hormonal, que empieza a cambiar de forma notable a partir de los 45 tanto en hombres como en mujeres y condiciona prácticamente todo lo demás, desde la energía hasta el estado de ánimo.
También reviso la sensibilidad a la insulina, uno de los primeros marcadores en deteriorarse sin dar síntomas evidentes, y la calidad del sueño, porque recuperarse bien del estrés dice de longevidad más que casi ningún otro dato. Y siempre acabo mirando la inflamación de bajo grado: ese desgaste que casi nunca da la cara hasta que lleva años avanzando, y que suele estar detrás de buena parte de lo demás que vemos en consulta a partir de cierta edad.
El NAD+ celular
Hay un proceso del que casi nunca se habla en consulta y que, sin embargo, está detrás de buena parte de todo esto. Se llama NAD+, una coenzima presente en todas tus células que interviene en más de 400 reacciones distintas, entre ellas la producción de energía, la reparación del ADN y la regulación de la inflamación. A partir de los 30 años sus niveles empiezan a bajar de forma progresiva. El cuerpo produce menos y al mismo tiempo, consume más, porque el desgaste diario, el estrés oxidativo y la inflamación de bajo grado lo van agotando poco a poco. Cuando el NAD+ baja, se nota, sea cual sea el marcador que mires: la energía, la recuperación, la piel, el rendimiento mental.
Aquí conviene aclarar algo que genera bastante confusión. No puedes tomarte el NAD+ directamente y esperar que llegue a la célula tal cual, porque la molécula es demasiado grande para entrar por sí sola. Por eso la estrategia pasa siempre por precursores más pequeños que sí logran atravesar la membrana celular y se transforman en NAD+ ya dentro.
Dónde encaja la suplementación en todo esto
Una vez que el diagnóstico está hecho y los hábitos básicos ya están trabajados, ahí es donde encaja NAD+ pro, el lanzamiento de be levels que acaba de salir. No lo planteo como una solución mágica ni como sustituto de nada de lo anterior, sino como un apoyo dentro de una estrategia que ya tiene una base sólida. Su fórmula se apoya en Niagen®, una forma patentada de ribósido de nicotinamida respaldada por más de 150 estudios clínicos, capaz de elevar el NAD+ celular en apenas dos semanas de uso continuado, algo que en este campo es un plazo llamativamente corto. A eso se suman la quercetina y el ácido alfa-lipoico, como cofactores que acompañan esa síntesis y aportan capacidad antioxidante adicional. Se toma con una cápsula al día, preferiblemente con el desayuno, y como con casi todo en longevidad, la constancia importa más que la dosis puntual.
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Por dónde empezarías tú
Si tienes entre 45 y 55 años y quieres empezar a trabajar tu longevidad con cabeza, tampoco hace falta que le des la vuelta a tu vida de un día para otro. Basta con saber, con datos reales, dónde estás ahora mismo, y a partir de ahí ir sumando una cosa cada vez en lugar de cambiarlo todo de golpe. De eso hablo, con más calma, en los vídeos que he grabado este mes, y de eso trabajamos también en Clínica Keval.



